Cesar y su mundo
Categoría: General 30 Nov, 2008 01:28:27
CESAR Y SU MUNDO
“¡Otra vez no!”. Eran las 7:20PM de la noche, y Cesar se encontraba otra vez estancado en la avenida Benavides. Como en todos los días, la hora punta del transito era lo peor en la ciudad de Lima. Cesar era un taxista, en ese momento se encontraba manejando su única herramienta de trabajo, un humilde Toyota color blanco. A él, y como todos los demás conductores de Lima, le parecía una estupidez la restauración de pistas que en aquellos días se estaba realizando en casi todos los distritos de la ciudad, solo causaban mas congestión, y desorden total en las calles. Pues bien, era un viernes 13, y Cesar el viejo hombre de 41 años, de buena estatura y cabello corto canoso, se puso a escuchar música mientras esperaba que el tráfico bajase. La música clásica que escuchaba, lo relajaba y por un momento la melodía lo envolvió en sus recuerdos de cuando era más joven.
-¿Papá, iremos al cine hoy? - preguntó una niña.
-¡si! Dile a tu mamá y a tu hermano que se alisten. –respondió.
-Papá pero ahora me toca elegir a mi la película.
-Ya, que sea una de suspenso. ¡Si no me duermo ah!
-¡Ay papá! Otra vez no, jajaja. –carcajeo la niña.
Cesar amaba ir al cine con su familia, y casi todos los fines de semana iban en las noches para estar un rato en familia. Aunque no tenía un trabajo demasiado rentable, también era policía, y podía brindar lo necesario a su familia. Ya eran las 7:30PM, y como todos los viernes, su familia lo esperaba en casa para ir al cine. Sin embargo, se hacía tarde, y el tráfico seguía imparable. Entonces, Cesar sacó su celular, y marcó un número.
-¿Aló? –respondió una mujer.
-Hola amor, soy Cesar, dile a los chicos que se alisten y ve yendo al cine, los alcanzaré, hay un trafico terrible, vayan yendo, porque para ir hasta la casa no podré llegar a tiempo.
-Esta bien, pero amor, Kiara quiere hablar contigo, te la paso un rato. –le dio el teléfono.
-¿Aló papá? –habló la joven.
-si, hija, te escucho, ¿que pasa? –preguntó Cesar.
-Papá, mira no podré ir al cine con ustedes, iré a una fiesta con mis amigas de la universidad. Lo siento. –dijo la joven.
-Pero pequeña, sabes que son especiales los días que vamos con tu mamá y tu hermano, mañana puedes ir, o el domingo. –dijo.
-Pero papá, mañana no es, es hoy. Lo siento si, otro día quedamos.
-Pero… -Cesar frunció el ceño y se quedó pensativo, algo confundido.
En ese momento, no quiso reaccionar mal con su hija, ya tenía 21 años y no era la misma niña de 10 que le encantaba ir al cine en familia y elegir las películas que a papá no le hacía dormir.
-¿Amor? Amor responde. –dijo la esposa por el teléfono.
-Adriana, ve con Gustavo nomás. Déjala que vaya a la fiesta que dice.
-Esta bien, te esperamos en el cine entonces. No demores. –dijo Adriana.
-Ya.
Luego Cesar colgó el celular, y se dio cuenta que el trafico ya había bajado un poco. Mientras conducía comenzó a sentir una vez más la extraña sensación que tanto le atemorizaba a veces: ¿Cómo llegare a morir? Siempre se preguntaba lo mismo y también de que seria la vida después de la muerte. Amaba a su familia y si por el fuera, daría todo lo que tuviese por vivir eternamente con ellos. Pero ahora la mecha de su deseo se desvaneció un poco al darse cuenta de que sus hijos estaban creciendo y por naturaleza nunca estaría con ellos siempre. ¡Al diablo! pensó. Ya empezaba a darse cuenta que solo tendría que disfrutar de la realidad, del poco tiempo que quizás le podría quedar. Minutos después, la pista se encontraba mas vacía, y entonces tomo más velocidad para llegar más rápido al cine. De repente su celular sonó.
-¿Alo? –contestó.
-¿Papá? –dijo Kiara.
-¿Dime que pasa mi amor? –preguntó.
-¿Crees que puedas comprarme una entrada para ir al cine? –dijo Kiara tranquila y serena.
-¿Vas a ir con nosotros? –preguntó Cesar algo alegre y aliviado.
-Si estoy llegando en unos quince minutos, mamá y Gustavo se adelantaron. Ya deben estar en el cine.
-Si, estoy a una cuadra, están en la entrada, los puedo ver de aquí.
-Papá, te quiero. –dijo la joven emocionada y con vos sincera.
-Gracias hija, yo también te quiero…
Entonces Cesar pudo ver de lejos a su esposa e hijo esperándolo en la entrada, con una especial sonrisa. Sin imaginarse, sintió que algo extraño pasaba, fue tan solo un instante en el que de repente un golpe brusco golpea el auto blanco por la derecha y lo lanza rodando en campana hasta dejarlo hecho pedazos.
-¿Papá?
