CESAR Y SU MUNDO
“¡Otra vez no!”. Eran las 7:20PM de la noche, y Cesar se encontraba otra vez estancado en la avenida Benavides. Como en todos los días, la hora punta del transito era lo peor en la ciudad de Lima. Cesar era un taxista, en ese momento se encontraba manejando su única herramienta de trabajo, un humilde Toyota color blanco. A él, y como todos los demás conductores de Lima, le parecía una estupidez la restauración de pistas que en aquellos días se estaba realizando en casi todos los distritos de la ciudad, solo causaban mas congestión, y desorden total en las calles. Pues bien, era un viernes 13, y Cesar el viejo hombre de 41 años, de buena estatura y cabello corto canoso, se puso a escuchar música mientras esperaba que el tráfico bajase. La música clásica que escuchaba, lo relajaba y por un momento la melodía lo envolvió en sus recuerdos de cuando era más joven.
-¿Papá, iremos al cine hoy? - preguntó una niña.
-¡si! Dile a tu mamá y a tu hermano que se alisten. –respondió.
-Papá pero ahora me toca elegir a mi la película.
-Ya, que sea una de suspenso. ¡Si no me duermo ah!
-¡Ay papá! Otra vez no, jajaja. –carcajeo la niña.
Cesar amaba ir al cine con su familia, y casi todos los fines de semana iban en las noches para estar un rato en familia. Aunque no tenía un trabajo demasiado rentable, también era policía, y podía brindar lo necesario a su familia. Ya eran las 7:30PM, y como todos los viernes, su familia lo esperaba en casa para ir al cine. Sin embargo, se hacía tarde, y el tráfico seguía imparable. Entonces, Cesar sacó su celular, y marcó un número.
-¿Aló? –respondió una mujer.
-Hola amor, soy Cesar, dile a los chicos que se alisten y ve yendo al cine, los alcanzaré, hay un trafico terrible, vayan yendo, porque para ir hasta la casa no podré llegar a tiempo.
-Esta bien, pero amor, Kiara quiere hablar contigo, te la paso un rato. –le dio el teléfono.
-¿Aló papá? –habló la joven.
-si, hija, te escucho, ¿que pasa? –preguntó Cesar.
-Papá, mira no podré ir al cine con ustedes, iré a una fiesta con mis amigas de la universidad. Lo siento. –dijo la joven.
-Pero pequeña, sabes que son especiales los días que vamos con tu mamá y tu hermano, mañana puedes ir, o el domingo. –dijo.
-Pero papá, mañana no es, es hoy. Lo siento si, otro día quedamos.
-Pero… -Cesar frunció el ceño y se quedó pensativo, algo confundido.
En ese momento, no quiso reaccionar mal con su hija, ya tenía 21 años y no era la misma niña de 10 que le encantaba ir al cine en familia y elegir las películas que a papá no le hacía dormir.
-¿Amor? Amor responde. –dijo la esposa por el teléfono.
-Adriana, ve con Gustavo nomás. Déjala que vaya a la fiesta que dice.
-Esta bien, te esperamos en el cine entonces. No demores. –dijo Adriana.
-Ya.
Luego Cesar colgó el celular, y se dio cuenta que el trafico ya había bajado un poco. Mientras conducía comenzó a sentir una vez más la extraña sensación que tanto le atemorizaba a veces: ¿Cómo llegare a morir? Siempre se preguntaba lo mismo y también de que seria la vida después de la muerte. Amaba a su familia y si por el fuera, daría todo lo que tuviese por vivir eternamente con ellos. Pero ahora la mecha de su deseo se desvaneció un poco al darse cuenta de que sus hijos estaban creciendo y por naturaleza nunca estaría con ellos siempre. ¡Al diablo! pensó. Ya empezaba a darse cuenta que solo tendría que disfrutar de la realidad, del poco tiempo que quizás le podría quedar. Minutos después, la pista se encontraba mas vacía, y entonces tomo más velocidad para llegar más rápido al cine. De repente su celular sonó.
-¿Alo? –contestó.
-¿Papá? –dijo Kiara.
-¿Dime que pasa mi amor? –preguntó.
-¿Crees que puedas comprarme una entrada para ir al cine? –dijo Kiara tranquila y serena.
-¿Vas a ir con nosotros? –preguntó Cesar algo alegre y aliviado.
-Si estoy llegando en unos quince minutos, mamá y Gustavo se adelantaron. Ya deben estar en el cine.
-Si, estoy a una cuadra, están en la entrada, los puedo ver de aquí.
-Papá, te quiero. –dijo la joven emocionada y con vos sincera.
-Gracias hija, yo también te quiero…
Entonces Cesar pudo ver de lejos a su esposa e hijo esperándolo en la entrada, con una especial sonrisa. Sin imaginarse, sintió que algo extraño pasaba, fue tan solo un instante en el que de repente un golpe brusco golpea el auto blanco por la derecha y lo lanza rodando en campana hasta dejarlo hecho pedazos.
-¿Papá?
ESTEFANO Y SU MUNDO
El hombre más feliz de la tierra, se decía a si mismo todos los días el joven Estefano, un muchacho muy atractivo y de buen físico. Su cabello era corto, lacio y rubio, estudiaba psicología en la universidad, en donde siempre se quedaba hasta horas de la noche caminando junto con su hermosa enamorada. Esta vez, se encontraba esperando en las afueras del patio, el aquel entonces lugar era enorme, quizás lo más bello de esa universidad era su muy bien cuidado patio llego de árboles y flores hermosas, se encontraba en el centro. Había veredas que te llevaban a diferentes facultades, y mientras caminabas podías tener una larga charla mientras observabas los pájaros y mariposas de distintos colores volar. El sol radiaba, y el chico pensaba que ese lugar debió ser el jardín del edén, allí conoció a su amada Lucía. A propósito, llevaban casi 2 años, eran jóvenes de 22 años y tenían planes de hasta casarse, toda una historia de amor.
La tarde aun seguía viva, y mientras Estefano sacaba su celular para llamarla, se aparecieron sus amigos, Pedro, Owen y Santiago.
-hey Estefano, saluda pes! –grito de lejos Pedro.
Entonces el joven guardo el cell, y se acerco a ellos. Estaba pensando que otra vez tendrían una clásica y alocada conversación.
-What’s up brothers? –respondió.
-Ah! Tu y tu what’s up. Ven vamos a beber algo. Owen aprobó matemáticas. No te parece un milagro? –dijo pedro.
-Pues los milagros existen brothers, Lucía y yo somos un milagro.
-Este cuando no enamorado hasta para jactarse –dijo Santiago.
Se dieron un apretón de manos y llevaron su rumbo a la cafetería. Allí pidieron unas latas de gaseosa, y empezaron a charlar.
-Mañana tenemos una gran fiesta tío, Santiago ya tiene enamorada! –dijo Pedro.
- Anda, en serio? Le digo felicidades ó le doy mis condolencias? –respondió.
-No seas pues, dice que ahora ya todo será diferente, se dejará de dramas y todo eso. –dijo.
-Habla vas? –preguntó Owen.
-Primero saluda no? Donde esta el viejo saludo de manos.
-En mis manos pes, sino que estoy mal, me doblé los dedos jugando básquet. –dijo Owen.
-Jugando básquet o…jajaja! –empezaron a reír todos.
-En serio Romeo obsesionado, vas o no mañana? –preguntó Pedro. Estefano frunció el ceño y saco algo de su otro bolsio, parecía una caja.
-Oye guarda eso! Vas meterte un polvo? –Santiago se puso inquieto.
Entonces Estefano abrió la caja pequeña de cartón, era un anillo de oro, tenía un relieve en la parte de exterior que lo hacía lucir como letras gravadas en francés. Los chicos se pusieron a observar y no entendían para era.
-Te regalaron? Lo vas a vender o que? –preguntó Pedro.
-No, es para Lucía. Le pediré que se case conmigo.
Pedro, Owen y Santiago, se quedaron pensativos, parecía que pusiesen una cara como si hubiesen recibido una mala noticia, como si alguien hubiese fallecido. Y entonces empezaron a reírse como locos.
-jajaja! Alucinas, en serio le pedirás que se case? Tío todavía estas joven hay tantas mujeres en el mundo que aun puedes conocer no seas…
Inmediatamente Estefano cortó las palabras de Pedro y empezó a decir.
-En serio, amigos, es algo que había esperado por mucho tiempo, son ya dos años. Quizás sean pocos, pero es lo suficiente, en verdad nunca se han preguntado: tengo a la mujer más hermosa de la tierra, mi vida es tan feliz que simplemente tendría que solo dar un paso más para mantener esa felicidad. Hay mujeres por todos lados, también hombres, y déjenme decirles que nunca me he sentido tan seguro como ahora. Lucia me conoce, yo la conozco, dejaré la hierba a un lado, por ella. Pero esto que haré me hará más fuerte, y hará que mi decisión por dejar ese mal hábito sea definitivo. Hablo en serio, estoy tan enamorado.
Entonces, todos empezaron a conversar tranquilamente con Estefano, y entendieron todo, un chico atractivo, con una chica hermosa, ambos conocían todo de ellos mismos, excepto por Estefano, quien usaba drogas. Nunca se atrevió a decírselo, siempre evitaba, y lograba esconder ese secreto de Lucia, ahora decidido a cambiar, solo quería una cosa, casarse. La tarde entonces empezó a caer con la puesta del sol, y el jardín lucía más hermoso con el brillo naranja que pintaba las blancas veredas de la universidad. En ese entonces, una sombra de lejos se acercaba hacía el grupo. El sabia quien era, una joven no muy alta, de hermosa figura, y cabello corto, llevaba una bincha blanca que arqueaba su frente, un polo corto color rosado, y una confeccionada falda color blanco que le cubría hasta el talón. Era Lucía, con sus ojos grandes y marrones colores idénticos a su cabello. En seguida, sus amigos se despidieron.
-Buena suerte brother, te veremos luego. –dijeron.
Al marcharse, Lucía estaba ya mas cerca a el y le saludo con un dulce pero sencillo beso. El entonces le dijo.
-Preciosa, donde estuviste?
-Tenía una excursión, lo recuerdas? –le respondió suavemente.
-Nos vamos? –dijo Estefano.
-Si.
A unos pasos detrás de la cafetería se hallaba la salida. Un arco grande decía: “Una universidad, un paraíso”. Saliendo ya, tomaron un bus público con dirección al sur, se iban a casa de él donde solían tener su nido de amor. El la abrazaba y por dentro memorizaba lo que le iba a decir. No sabía como iba a empezar. Anteriormente lo estaba practicando. “Lucía, si tu me amas y yo te amo, este amor lleva años superando todo, y este anillo, significa que te amo y te amaré por siempre, ¿te quieres casar conmigo?”. Todo le gustaba de la frase, excepto por: “¿te quieres casar conmigo?”. Quería decirlo de otra forma, algo mas singular y especial. “¿Quieres estar conmigo por siempre?” No! “¿Quieres vivir por siempre a mi lado?” tampoco!. “¿quieres ser mi esposa?” “¿Me dejarías robar tu corazón por el resto de nuestras vidas?”. Por ratos se ponía pálido y no sabia como finalizar su frase. Ella solo cerraba sus ojos y miraba a través de la ventana del bus las calles llenas de avisos públicos, con colores y esos neones que convertían la ciudad en un árbol de navidad publicitario. Al poco rato bajaron del carro.
-Estefano, creo que tengo que ir a casa. Lo siento, tengo algo en mi cabeza. –dijo la muchacha.
-Pero, quisiera decirte algo importante, justo quiero llevarte a mi casa tengo algo especial.
-Lo siento, que es eso especial? O lo que quieres decirme? –preguntó la joven mirando a un lado.
El joven, entonces trago saliva y cogió de la mano a la joven mirándola dulcemente, enfoco lo más que pudo su mente y le explicó.
-Quiero, decirte…te amo Lucía. Si tu y yo nos amamos, y este amor lleva años, a pesar de nuestros defectos, conociéndonos. Sabes que siempre te amaré (rápidamente saco el anillo) y este amor lo pacto en este anillo, Lucía, ¿Te casarías conmigo?. –dijo Estefano.
La respiración tanto como para ella y el se aceleró. Los ojos de la joven parecían que querían llorar, y de repente agachó la cabeza y retiró su delicada mano de el.
-Estefano, yo, yo lo siento. No quería que pasara esto, y quise conversar contigo ayer. No podré casarme contigo, me duele decirlo pero mi amor se acabo. Ya no estoy enamorada de ti. –respondió Lucía, con la cabeza abajo, mirando sus propias manos.
El alma de estefano se quebró tanto que no encontraba bien su mente, se desubicó de todo y por un momento su vista se oscureció. No creía nada, no sabía si estaba despierto o no, si era una pesadilla. O Aun estaba en su cama durmiendo, o si la droga lo llevo a una alucinación tremenda, pero veía la calle, las avenidas y los carros yendo a toda marcha. El sonido de los cláxones y los pitos de los policías. Era la realidad. El oído le empezó a quemar, y sus ojos miraban al suelo tratando de no soltar ni una gota de lágrima. Se quedo en silencio. Entonces lucía continuó.
-Lo siento mucho Estefano, pero por favor espero que lo entiendas, se que te duele tanto como a mi, pero es así, el sentimiento ha cambiado y no es el mismo, quisiera ser una buena amiga, pero se que no podrás aguantar, es por eso que no podré verte, hasta que puedas olvidarme. Lo siento mucho, adiós. –Se despidió.
Inmediatamente, el joven subió su cabeza al frente, y así sus lágrimas cayeron, sus ojos se veían rojos, de manera que la retuvo sosteniéndola de un brazo.
-Espera! Por favor espera Lucía. No me digas esto, no me partas el alma, no es verdad por favor. Dímelo, ¿Por qué? Tú me amabas, igual que yo, cielos! No fui sincero contigo. Pero perdóname, te lo pido, es eso ¿verdad? Lo sabes. Sabes que consumo drogas. Déjame explicártelo. Dios Lucía déjame explicártelo pero no me digas que no me amas.
Lucía se quedo confundida, y estuvo a punto de llorar, pero algo la retuvo, algo que no sabia, y que recién se acaba de enterar.
-Consumías drogas? Estefano, no lo sabia, nunca me lo dijiste? No pienso juzgarte, no quiero decir que debiste decírmelo, porque ya es tarde, nunca confiaste en decírmelo? Déjame por favor, y suéltame. –dijo Lucía. Se voltio y camino para cruzar la pista.
El joven, se auto destruyo, confesó su secreto a ultima hora, y sentenció todo en un final. No debió quizás decirle en ese momento sino en otro, pero lo hecho, hecho estaba y este comenzó a tratar de perseguirla y gritarle de lejos que le perdonara; sin embargo, ella no tarde mucho en tomar un taxi e irse. Estefano, de atractiva apariencia estaba destrozado, y su rostro no lucía el mismo, se sintió tan mal, que agarro y saco de su chaqueta una cajita, no era el anillo sino droga. Se fue a un lado de la vereda y olvidó donde estaba. Por suerte la policía no lo vio, y el continuo. Se metió entonces a una tienda comercial y entró a un baño. La gente lo miraba, porque su cara parecía la cara de un niño lloroso, que había recibido un severo castigo. Dentro del baño, inhaló el polvo y esta vez mas de la cuenta; inmediatamente, se le subió a la cabeza y empezó a temblar. Al rato, salio del baño. Sus ojos comenzaron a derramar lagrimas y este se puso a caminar como loco por las calles sin mirar a nadie, su cabeza giraba y sus recuerdos se hacían mas presentes, la recordaba, Lucía en aquel jardín de la universidad, las flores y los pájaros, el sacando una rosa del arbusto, y los besos. Las noches en su cuarto, y el nido de amor. Su sonrisa y su dulce mirada, contrastaban lo que le había pasado, entonces lloraba mas y mas, y el dolor se hizo fuerte, tan fuerte que el corazón le latía a cien por hora como si hubiese terminado una carrera de 500 metros, el sufrimiento se apoderó de este y por ende el fracaso, ya nada le importaba, se decía. El hombre más feliz de la tierra se había convertido en el ser más penoso del universo. La vida ya no le importaba, la droga lo hacía alucinar imaginándose en un pueblo extraño al lado de un cuchillo de Sushi filudo en el suelo, y clavándoselo directamente al corazón. Hasta ver su propia sangre embarrar su mano. Estefano no se dio cuenta que estaba en medio de la pista, y rápidamente un carro publico venia a toda prisa, simplemente Estefano miro al cielo, y vio que en un edificio de unos 3 pisos había un aviso iluminoso que decía: “La ciudad Encantada”.
Esta es una historia que es una pequeña parte de lo que "La ciudad Encanta" será.
Disculpen los errores ortograficos, y la falta de orden, espero se entiendía y se comprenda.